Cristales cerrados, eclipse de Luna,
el alma en los pies, en ellos nada,
y al paso del recuerdo, mirada oscura,
de ver pasar la vida tras esa ventana.
Fe de Titanes: castillos de arena,
de ilusión ciega abro mis ojos,
papel de su imagen prende en hogueras,
que ni pensar quiero, si en mí piensa.
Abro los puños de presa impotencia,
de rabia amarga, de absurdas condenas,
de alma en locura, de cristales rotos,
de carentes risas y sobradas muecas.
Espada al aire cansada de olvidos,
que de dos corazones uno sea inerte,
halla la ruta el viajero perdido
de tantos caminos que siempre se pierden.
Ventanas abiertas, como luz de Luna,
espinas que dejan paso a una rosa,
de luz de un cielo que ahoga las dudas,
amor de un amor nacido de sombras.
Muere un guerrero que lucha al vacío,
que tiene por arma ausentes olvidos,
que no por recuerdos se llama al deseo,
sino por fe de olvidar aquello perdido.
Claros de Luna, abro ventanas,
mi pecho que late palpitante otra vez,
guiña en mi alma la Luna callada,
y envaino la espada que sangra mi ser.
