No es tu adiós ese salitre
que oscurece mis pestañas,
sino el alquitrán que olvidó
tu amor en mi mirada.
Llévate estos días ciegos
que van pasando lastrados,
y devuélveme aquéllos
con sonrisas de verano.
Ven, déjame mi corazón,
el que late, este no es mío,
aletea como paloma
que se ha caído del nido.
Dale la paz a mi cara,
y quítame el antifaz
de las sonrisas eternas,
que te dejaste al marchar.
No reconozco a mi alma
que llora lágrimas negras,
devuélveme el agua de mar
y el cantar de las sirenas.
Deja que oiga el cantar
que me llevan a otros puertos,
déjame encontrar amor
o que me hunda en sumideros.
En qué aguas me dejaste
anegado en tu alquitrán,
hace que siempre naufrague,
que nunca pueda zarpar.














